Te recuerdo, Jara (I remember you, Víctor)
Más allá de su trascendencia dentro del desarrollo de la llamada nueva trova o la nueva canción latinoamericana, más allá de haber figurado entre una pléyades de hombres y mujeres que, guitarra en mano, alzaban su voz en contra de las vejaciones que sufrían los países americanos que están debajo de Estados Unidos, Víctor Jara representó, quizá más que ningún otro, un compromiso con un ideal, con una visión, con unos principios. Y no solamente por haber impulsado la campaña de Unión Popular con Salvador Allende al frente ni por haber participado activamente durante su gobierno como embajador cultural o dirigir el homenaje a Pablo Neruda luego de que le hubiera sido entregado el Premio Nobel de Literatura, sino por el verdadero acercamiento con las clases obreras a través de sus canciones y de sus actos cotidianos.
“La poesía está en las calles”, se proclamaba en las décadas de 1960 y 1970; “Los cronopios contra el sistema”, se leía en una barda en Uruguay; “Venceremos”, gritaban y cantaban miles de voces esperanzadas. Y estas tres consignas tenían algo en común: una invasión de espacios, una revolución que podía alcanzarse sólo a través de la poesía, o viceversa, el regreso del realismo mágico a la cotidianidad. Chile, 1973. El poder popular había demostrado su existencia y su fuerza, los ideales del socialismo (igualdad de oportunidades y atención primordial a la clase trabajadora, no igualdad de condiciones ni dictadura del pueblo) se elevaban en un momento en el que el resto de Centro, Sudamérica y el Caribe vivían bajo la atroz imposición de dictaduras militares.
Videla, Garrastazú, Somoza, Stroessner, Barrientos y cuántos más oprimían a “sus” pueblos. En Cuba había triunfado también la revolución de mano del mítico Che, quien, libertador del siglo XX, más que con una patria estaba comprometido con una causa, cuya persecución le quitó la vida el 9 de octubre de 1967 en Bolivia. Y llegó el 11 de septiembre de 1973. Un golpe de Estado imponía a Augusto Pinochet en la presidencia de Chile; Salvador Allende, antes que rendirse, prefirió quitarse la vida; Víctor Jara fue hecho preso político y encerrado en el entonces Estadio Chile (hoy Estadio Víctor Jara, pero eso qué más da), acompañado por cinco mil compatriotas suyos. Cinco días después, el 16 de septiembre, tras haber compuesto su última canción, Estadio Chile: Canto, qué mal me sabes, fue torturado y asesinado. A culatazos le fueron deshechas las manos, “Toca ahora tu guitarra”, decían los militares. Cortaron su lengua, “Canta ahora tus canciones”, decían los militares. Y después fue acribillado por la espalda. El 23 de septiembre, Neftalí Ricardo Reyes Basoalto murió de tristeza.
¿Y Jara, y Víctor Jara? En su voz común, en su denuncia en forma de canciones, en sus manos fuertes y gentiles, en el sentido y la razón de su guitarra, Víctor Jara sigue denunciando las condiciones del obrero, los cobardes ataques militares, la injusticia del sistema, la pobreza, la explotación. Y esto se puede superar, lo único que hace falta es voluntad; el cambio no tiene que venir desde arriba, sino desde abajo, desde nuestras decisiones de todos los días. “El pueblo unido jamás será vencido”, una frase de Claudio Iturra, autor del himno Venceremos, con música de Sergio Ortega. El futuro está en nuestras manos: “el futuro comienza hoy”.
Víctor Jara, ahora callas, pero nunca estarás como ausente.

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